May 23 2008
Mundo marino
Tras contaros lo peor del viaje a Borneo del fin de semana, ahora toca contar lo mejor. En diciembre del año pasado me saqué el nivel más básico de la licencia de buceo internacional. Solamente realicé cuatro inmersiones en todo este tiempo, todas ellas en el examen práctico, y hasta este fin de semana no había tenido la oportunidad de bucear de nuevo. Miento. Sí había tenido oportunidades pero siempre acababa liándome la noche anterior con fiesta y copas.. total que al día siguiente no había ni Dios que me levantase a las 7:30am para ir a bucear.
La falta de fiesta en Semporna logró al fin que pudiese bucear de nuevo, y además en uno de los llamados paraísos del buceo mundial: Sipadan, la única isla oceánica de Malasia, es decir, la única que no descansa sobre placa continental. Estar rodeada por aguas profundas es lo que la convierte en especial.
La primera impresión es la de una isla enana normal y corriente. Bueno. La de una isla paradisíaca enana normal y corriente.. que de ver tantas al final te acostumbras. Ya veréis el chasco que me voy a llevar cuando vuelva a las de La Malagueta. La isla en sí puede molar pero cuando te pones el equipo de buceo y te tiras al agua..
Alucinas. Ya había visto barracudas tanto buceando como haciendo snorkelling, pero nunca superaban la veintena. Aquí veías bancos de cientos de ellas, gigantescas, nadando a tu lado.. La corriente era fuerte así que nos anclamos a una roca y nos quedamos viendo la escena como si de un documental se tratase.. Entonces miramos para arriba y..
La primera vez en mi vida que veía a una tortuga en el mar. La elegancia que tienen al nadar las hace mágicas. Mirabas a lo lejos mientras bajabas por el arrecife y siempre veías alguna.. Y en un momento dado el guía nos señaló hacia abajo.. Algo gigantesco se acercaba a nosotros desde las profundidades, ascendiendo lentamente. Una tortuga nos había visto y se acercaba curiosa a nuestro encuentro.. A un metro de distancia dejó de nadar y se nos quedó mirando, uno a uno..
Fueron unos segundos en los que hubo contacto visual. Ella estaba ahí y nosotros aquí. Nos estudió y decidió que mejor seguía nadando en otra dirección, y con una clase espectacular se fue alejando poco a poco, dejándonos recuperar el aliento por lo que acabábamos de vivir. Esos segundos mágicos fueron sin duda lo mejor del viaje y creo que la mejor experiencia que he tenido jamás con un animal.
Nos miramos todos con una sonrisa de oreja a oreja y continuamos el paseo. Poco después Yolanda me empezó a hacer señas como una loca.. ¿Detrás? ¿Detrás? ¿Qué pasa detrás? ¿Qué mire detrás? Me giro y..
¡Un puto tiburón detrás mía! Menos mal que sabíamos que no solían atacar porque ya me podía haber mordido veinte veces a placer sin que yo ni me hubiese enterado. Y no había uno ni dos.. vimos como unos diez o doce tiburones en unos diez minutos. Algunos estaban parados en el fondo y se desperezaban y empezaban a moverse cuando te acercabas.. otros patrullaban la zona.. Espectacular.
Y esto fue lo más destacable. Vimos mucho coral, peces payaso, peces piedra, peces rarunos y demás fauna que cuyo nombre nunca sabré. También hubo incidentes. A Sergio se le rompió el regulador -la pieza que te metes en la boca y que te permite respirar- un par de veces, suerte que todos llevamos uno de repuesto y además siempre hay alguien cerca; a mí se me rompió la máscara cuando ya estaba a mitad de inmersión, con el consiguiente ataque de pánico al no ver nada; y uno de los monitores que venía con nosotros se quedó sin oxígeno a 17 metros y, tras tomar unas caladas gordas de nuestros tanques, tuvo que realizar una salida de emergencia.. Pero bien
Aclaración: las fotos no las he sacado yo, mi canon es la leche pero por el momento no hace fotos acuáticas. Las he sacado mayormente de flickr, que tenían bastantes fotos que reflejaban perfectamente lo que experimenté buceando en Sipadan
Sipadan, un paraíso para el buceo 
Tortuga verde marina 
Tiburón de puntas blancas 





































