Jun 30 2008
Singapur (y IV)
Este fin de semana tocó Singapur de nuevo. Y es que cada vez que surge una oportunidad de volver a mi ciudad preferida de Asia me es imposible de rechazarla. Bajamos Rocío y yo y allí nos estaba esperando con los brazos abiertos el gran Mike, ofreciéndonos su casa de nuevo. ¡Grande!
La mayoría ya sabéis que en mi segunda visita a Singapur, en navidades, el alcohol y la euforia provocaron que realizásemos algunas actividades poco legales en la ciudad. No lo conté nunca en el blog pero otros medios lo reflejaron a la perfección. Esta vez no pude evitar pasarme por el puente de la discordia, Elgin Bridge, y hacerme una foto victoriosa por haber salido airoso de aquella situación. Eso sí, me cambié un poco de aspecto para evitar ser reconocido y capturado por las autoridades
¿Y qué carajo haces en una ciudad tan pequeña habiendo estado ya tantas veces? ¡Disfrutarla! Ir sin presión turística es la clave. Además en Singapur hay aceras grandes, hay paseos marítimos, hay parques, hay playas, hay ríos y hay zonas con restaurantes y bares en las que poder estar simplemente echando la tarde. ¡De todo eso en Kuala no hay nada!
Y como me gusta especialmente como están quedando las últimas entradas de viajes del blog, con mucha foto y poco texto, creo que seguiré en esa línea. A weekend in Singapore.

Perdóname Mike pero tenía que poner esa foto tuya previamente trucada en photoshop
Antes de que penséis cosas raras de mi colega singapuriense aclarar que todo era para ir a una fiesta de disfraces (por eso salgo yo en la primera foto con pelucón y gafones) en la que hacía un calor que pa qué.
Aproveché para ir de nuevo a la mayor librería del sudeste asiático, el Kinokuniya de Orchard Road, y comprar material de lectura en condiciones para los próximos meses, en los que preveo un incremento brutal del número de horas de lectura. Opté por algo relativamente seguro, la saga completa de RAMA de Arthur C. Clarke, cuyo primer libro ya me había leído en España pero que sinceramente no recuerdo con demasiada claridad.
Y poco más. Por la tarde nos montamos en el autobús de vuelta a Kuala Lumpur y llegamos a las dos de la mañana tras seis horitas de viaje, justo a tiempo para el partido que empezaba a las 2:45h. Fuimos con toda la comunidad española a liarla allí sufriendo como nunca y ganando como auténticos campeones. ¡Qué partido! La celebración fue breve eso sí, ya que eran las seis de la mañana y al día siguiente todos currábamos. Así que vuelta a casa y a dormir escuchando el larguero
NOTA: Por petición de mi amado Borja ahora si pincháis en las fotos iréis a una copia en mayor resolución. Que lo dijo hace tiempo y la verdad que tiene más razón que un santo, por mucho jabón que ande arrojando en algunas fuentes lituanas















































