El relato que podrán leer a continuación les podrá parecer irreal y dantesco. Creerán que se encuentran frente a una novela de terror y llegarán incluso a plantearse cerrar el navegador y detener la lectura al instante. Si alguien les dijese luego que lo que leyeron fue una historia real, jamás le creerían. Pero lo fue.

La historia comienza a altas horas de la madrugada del primero de febrero de 2008. Tras dormir apenas cuatro horas un intrépido Twentydur termina de preparar su equipaje. Es la primera vez en su vida que viaja en plan mochilero y por ello el peso con el que cargará durante los próximos días es un factor clave para él. Al ser su destino Vietnam opta por una cantidad suficiente de camisetas y camisas de manga corta, un pantalón corto adicional y, por si refresca en las noches, añade también una camisa y un pantalón largo.
El calzado es también algo fácil de elegir. Unas chanclas para llevar a diario, unas zapatillas para salir a bares y evitar a los mosquitos y, tras comprobar el peso in-crescendo de la mochila, decide dejar en casa las botas de montañismo que le prestaron. Con las zapatillas debería ser suficiente. Estas decisiones a priori sensatas condicionaron para siempre el rumbo del viaje de Twentydur, forzándole a realizar acciones que nadie hubiese previsto jamás y llevándole a cotas de sufrimiento y dolor que el abajo firmante es incapaz de describir con palabras. Al cerrar la puerta de casa comenzó el viaje. Un viaje al infierno, aunque él aún no lo sabía.

Al cerrar la puerta comenzó el viaje. Un viaje al infierno.
(crédito imágen: Daniel Wildman)
La expedición que partiría hacia el averno estaba formada por dos ingenieros en telecomunicación, tres medioambientales y una especialista en recursos humanos. Cuando nuestro protagonista se encontró con ellos a la puerta del carruaje que los llevaría al aeropuerto ocurrió un hecho que dejo entrever lo que podría ocurrir en unas horas: todos iban en pantalón largo y zapatillas.. salvo él. “Está refrescando ultimamente en Hanoi” le dijeron, “catorce grados está haciendo por la noche” afirmaron. Se maldijo. Tanto Google, tanta Wikipedia, tanto Wikitravel.. tanta búsqueda de información y se olvidó de lo más importante. Se olvidó de lo que todo buen viajero observa atentamente conforme se acerca la fecha de partida: el parte meteorológico. Ya era demasiado tarde para rectificar. Habría que apechugar con lo que viniese como un auténtico paleño malagueto.
Ya en el aeropuerto se cambió de ropas, poniéndose los únicos pantalones largos y los únicos zapatos cerrados que traía para todo el viaje. Se acordó del momento en que decidió dejar el jersey que tenía en casa.. así que sacó la prenda de abrigo que poseía: un chubasquero finísimo que se trajo por si llovía. Un chubasquero con mucha historia detrás, pero esa la dejaremos para otro día.
Y de esta forma, el primer viernes de febrero de 2008 a las seis de la mañana, nuestro amigo embarcó en el vuelo AK760 de AirAsia con destino Hanoi. ¿Qué le esperaría allí? Las temperaturas teóricas durante el día deberían superar los veinte grados. Supuestamente. Qué gran error.
