Viernes, 11 de Enero de 2008, 04:30am. Suena el teléfono de la habitación. Mecagoensuputamadre. No hemos dormido ni cuatro horas. Nos dicen desde recepción que en quince minutos sale la excursión mañanera al Borobudur que habíamos contratado el día anterior. El objetivo es ver el amanecer desde allí antes de la apertura oficial del monumento a las seis de la mañana.
Así que nada.. nos ponemos algo de ropa de abrigo encima y al monumento. El día anterior nos quedamos un rato pasada la hora de cierre.. así que mas o menos pudimos disfrutar del monumento en paz y casi sin turistas (hasta que nos echaron los guardas), pero por la mañana tiene su nosequé. Y más cuando presiden las vistas el sol naciente y el volcán Merapi que se resiste a morir.

Vista desde el Borobudur al amanecer. Al fondo el volcán Merapi expulsando gases.
A eso de las siete nos volvemos al hotel y nos zampamos un pedazo de desayuno que quitaba el sentío. Decidimos dormir un ratillo más y levantarnos ya para hacer el check-out. Me recordaba bastante a las Campus Partys originales. Lo de desayunar antes de dormir, I mean. Cuatro horitas más de sueño.. algo es algo.
Nos despertamos a poco para las doce de la mañana. Una duchita para estar fresco y a tirar millas. Hoy había que deshacer el camino que hicimos ayer en el autobús y volver a Yogyakarta, dónde pasaríamos las siguientes dos noches. Esta vez el viaje fue bastante más llevadero. El autobús iba casi vacío y además nos paramos para ver un monasterio y un templo budistas. El Mendut, construido en el siglo VIII, es enano en comparación con el Borobudur pero tiene su no se qué. A mi me encantó.

El templo Mendut. Cercano al Borobudur e íntimamente relacionado con él.
De izquierda a derecha: Nico, Fausy, Max et moi.
Algo que me impactó de Indonesia fueron sus vistas. En Malasia cuando vas en autobús por la carretera solamente ves jungla. Palmeras y árboles grandes. That’s it. No es algo especialmente bonito. Sorprende ver tanta selva pero ya está.. Esperaba encontrarme lo mismo en un sitio que está a escasos 1500 kilómetros.. y todo lo contrario. Arrozales infinitos cerca de las carreteras con gente trabajando a pleno sol, volcanes en el horizonte y líneas de palmeras que indican el comienzo de la selva. Aquello es de ensueño.

Te dicen que estás en una escena de Apocalypse Now y que en breve aparecen unos Hueys al fondo y te lo crees sin ningún reparo. Tanto el día anterior en taxi como ahora me daban ganas de bajarme y simplemente sentarme a un lado de la carretera a contemplar durante media hora el paisaje. Es una de las cosas que me temo voy a tener que dejar pendiente..
Pero volvamos al tema. Tras unos noventa minutillos de viaje llegamos finalmente a Yogyakarta. Fuimos a dejar las cosas en el hotel y acto seguido a comer. La comida en Indonesia está tiradísima de precio, ¡incluso la que no es local! En Malasia solamente es barata la comida local. Te sales del arroz, pollo y noodles y el precio se dispara. Aquí parecía que no. Ya el día anterior había cenado un filetaco a la pimienta con patatas del carajo por unos dos euros al cambio.. y los precios ahora eran similares. Mola.
Tras la comilona una siesta que se alargó más de lo esperado y, ya por la noche, una vuelta por la ciudad que acabó irremediablemente en una visita a una tienda de batiks (2), dónde acabé comprando uno mojonero pero barato (7€). Luego nos dimos un paseo a pie por el centro histórico y decidimos volver en Becak al hotel. El Becak es una bicicleta modificada a la que le colocan un carruaje, que pesa como sus muertos, y que representa el medio de transporte más popular en Yogyakarta. Según nos comentaron Max y Fausy los prohibieron no hace mucho en la capital, Yakarta, para evitar problemas de congestión del tráfico rodado. Normal.

El medio de transporte por antonomasia en Yogyakarta: el Becak.
Ir de un lado a otro de la ciudad no llegaba ni a un euro. Habitualmente pagábamos treinta centimos de euro o así cada uno de los que nos montábamos.. y además al ser bicicletas supercutres sin marchas en cuanto se topaba el conductor con una cuestecilla de nada ya las pasaba canutas. Le escuchabas jadear, dejándose los pulmones.. con la bicicleta a 1km/h o así.. Nico estuvo por bajarse un par de veces para darle un descanso al pobre.. 10 minutos de sufrimiento para ganarse 60 centimos.. daba lástima..
Pasamos en los Becaks por al lado de un garito con música en directo y decidimos pasar de ir al hotel y quedarnos allí a cenar. El garito resultó estar bastante bien, aunque la comida dejaba un poco que desear en cuanto a calidad. Lo mejor resultó ser la banda. Te pasaban papelitos.. escribías en ellos una canción, quien eras y a quién se la dedicabas.. y las cantantes lo leían en voz alta y te tocaban la canción.
Nosotros empezamos a dedicarle canciones a las camareras y a las propias cantantes.. y todo dios allí echándose unas risas. En todo el día lo mismo habíamos visto unos cinco o seis turistas extranjeros.. ¡casi ninguno! Así que supongo que cuatro blancos en un garito pues llamaba bastante la atención. Y fomenta que te traten bastante distinto a si fueses un local normal y corriente. De hecho acabamos yéndonos de fiesta con las cantantes del grupo y sus colegas.
Malasia es un sitio que destaca por su falta de oferta fiestera. Sin duda es uno de los principales puntos débiles de la ciudad en mi opinión. Lo achacaba a que son musulmanes.. no hay casi ningún garito en el que pongan músicones increibles non-stop.. con pista de baile y tal.. y menos aún con barras. Por eso cuando me dijeron que Indonesia era aún más musulmán que Malasia pues me esperaba algo similar.

Caesar. Discotecón de la muerte en un país más musulmán que Malasia.
En Kuala Lumpur no hay nada que se le parezca. ¡Acojonante!
Atento a la rusa que curraba en el garito. Ejem.

Mendut Temple 
Apocalypse Now 
Helicopteros UH 
Yogyakarta 
Becaks 
Mapa de Central Java 