Hablaba en mi viaje a Madrid de hace un par de semanas con mi jefe, Juan Pablo, acerca de la religión y de la ciencia. Yo creo que la religión es algo necesario, al menos hasta el momento. No practico ninguna, pero entiendo perfectamente que la gente lo haga. La vida sería insoportable para una parte importante de la población si supiesen con seguridad que todo lo vivido no sirve realmente para nada, que nada espera tras la muerte y que jamás volverá ver al hijo que se le murió en los brazos.
Dar sentido a la vida es lo importante. No importa si el sentido que se le dé esté fundamentado en algo real o inventado. Comentaban en REDES hace tiempo que lo que realmente definía la felicidad de las personas no era ni el dinero, ni la salud ni la calidad de vida, sino tener una vida con sentido, independientemente de cual fuese éste. Y yo estoy de acuerdo.
Y para eso están las religiones, para aportar un sentido a lo desconocido. Para evitar que la gente caiga en la desesperación. Para dar respuestas a las preguntas y calmar los ánimos. Un calmante puro y duro. Porque está claro que no hay religión verdadera, ya que de existir una el resto serían religiones falsas. Todas son verdaderas, en cierta medida, al cumplir con su propósito.
Necesarias y a la vez peligrosas. Grandes guerras se han sucedido por los fanatismos religiosos. Y aunque la religión tiene parte de culpa en la irracionalidad de los actos cometidos en su nombre, el peso mayor es sin duda la enorme influencia de determinados personajes que, diciendo actuar en la defensa de su fe, cometen actos del todo censurables.
Y uno de los fallos de la religión, y quizá el más importante, es su falta de autocrítica. Considerar una nueva corriente de pensamiento o una reinterpretación de unos textos sagrados como sacrilegio y un ataque directo, en lugar de tomarlo como algo loable y correcto, es su gran problema. Creer que algo debe ser así porque es así como debe ser, sin discusión.
Yo creo en la ciencia. Y gran culpa de esto lo tiene precisamente la gran apertura de miras que ésta tiene. El aceptar críticas como parte de su filosofía, estudiarlas, analizarlas y rebatirlas con argumentos. Eduard Punset lo explica de una forma extraordinaria en su entrada de hoy mismo, que me ha llevado a escribir esta. A mí la ciencia me aporta lo que a otros la religión. Saber que cada vez estamos más cerca de la verdad real, aunque aun nos queden milenios por llegar a ella, si alguna vez llegamos a llegar, es suficiente para mí. Aunque a día de hoy, y como la ciencia aún no puede explicar los grandes misterios de la vida, seguiremos dependiendo de las religiones.
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Nota: Sí, tema recursivo, pero es que tenía más cosas que decir, y mi admirado Eduard no ha hecho más que recordármelo :b