Jul 20
Viejos tiempos
De cuando en cuando, con algunas copas encima, a Albino y a mí nos da por recordar los viejos tiempos. El sábado pasado fue un buen ejemplo. Y es que ambos echamos de menos una época en la que unos cuantos preferíamos vivir en un mundo virtual, y la vida real no era más que una transición que aceptábamos con resignación.
Hablo de Everquest. Un juego de rol online multijugador que nos hizo a un buen puñado de gente perder el norte durante unos años y vivir dedicados a él, con gusto y con pasión. Yo llegaba a jugar más de doce horas diarias durante los veranos, viendo amanecer casi todos los días. Vivía de noche, en el horario de la tarifa plana de aquellos tiempos (año 2000), y durante el día me dedicaba a dormir y a esperar la caida de la tarde y el ansiado comienzo de un nuevo día.
Y ahora, viéndolo con perspectiva, no me arrepiento. Aunque en su momento llegase a odiar un juego que fue parte de la causa de un fracaso académico, que me llevó a perder el contacto con mucha gente e incluso a abandonar mi carrera. Aún recuerdo una conversación con Pedro, la noche en que todo se derrumbó y mi vida tomó un rumbo totalmente opuesto. Fue cuando logré dejar durante una temporada larga la adicción. Y aunque luego hubo recaidas ya nada volvió a ser lo mismo..
Porque no todo fue malo. La gente que conocí era formidable, y con algunos de ellos aún sigo en contacto. Las profundas amistades que trabé con Torito o Matasiete fueron lo mejor, y fue en Everquest dónde Cuzco me dió el mejor regalo que me han hecho en toda mi vida. Tantas horas juntos cristalizaban en quedadas en distintas ciudades, con la Campus Party como centro neurálgico (más de cincuenta personas hemos llegado a coincidir). Qué grandes tiempos.
Organizando a un grupo de más de cien personas aprendí más sobre comportamiento humano que en toda mi vida. Descubrí la importancia de no perder la calma, de guardar la compostura y responder con tranquilidad aún cuando haya un huracán delante. Mi inglés mejoró, al tener que lidiar con clanes de otros paises, y la gente que conocí hizo que todo mereciese la pena, ¿he dicho esto ya?
Hay momentos que aún recuerdo como si fuera ayer. Como aquella madrugada, trás casi dos años jugando, en que vi por primera vez a un dragón. Con los brazos temblando y tiritando de auténtico miedo, a las órdenes de Jhanto y Ladrim. O cuando matamos por primera vez a Derakor the Vindicator, que supuso la verdadera explosión de Odisea, el clan al que pertenecí, y el inicio de una época dorada verdaderamente inolvidable.
Son esas sensaciones, esos contínuos retos que llevaban a más de 100 personas a esperar sentados sin hacer nada más que aguardar durante una noche entera. El afán de superación, de lucha constante contra las dificultades. El estrés, la adrenalina y la tensión de saber que todo el trabajo de meses puede servir para algo. Es sentir aquello lo que echamos de menos.
Hemos intentado revivirlo: Dark Age of Camelot, Everquest II o World of Warcraft. Pero nada ha vuelto a ser lo mismo. Ninguno nos ha hecho sentir ni una décima parte de lo que experimentamos con el Everquest. Una lástima. Y es que daría cualquier cosa por poder revivir aquellos tiempos, aunque sólo fuese un día.
































July 21st, 2006 at 12:30 am
hey hey, me alegro de que te acuerdes. Yo me acuerdo también. Juas, como pasa el tiempo y la vida cambia. Y ahí seguimos al pie del cañón.
Para lo que necesites, a mandar.