
Define la R.A.E. a la patria como aquella “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, siendo un patriota todo aquel que “tiene amor a su patria y procura su bien”.
Pues bien. Sin duda alguna, soy un patriota. Y estoy harto de que en una España que alardea de plural y moderna, que se pone como ejemplo de una democracia sana y activa, decir que amas a tu pais esté mal visto.
Porque lo está. No nos engañemos. El simple hecho de ponerte la bandera de tu país en el coche es considerado algo bonito y noble en la mayoría de los paises. Aquí si lo haces es porque eres un facha (¡y que tendrá que ver!). Y da igual que sea la bandera constitucional. Eres un puto facha de mierda. Franco ha muerto, a ver si te vas enterando.
Cierto es que no todo el mundo piensa así, pero el hecho de una parte de la población lo haga es suficiente para cohibirte en gran medida. Y es que la gente se forma su propia opinión sin conocer las motivaciones que te han llevado a tener un llavero con la bandera de España.
Y aquí al menos es distinto. Porque, gracias a Dios, aquí me tienen que leer y, medio a la fuerza, ver mis argumentos y mi razonamiento, con lo que el juicio que se realiza con la imagen debería pasar a segundo plano.
Porque yo me siento orgulloso de España. De su historia y de lo que llegamos a representar. Y eso incluye sentir vergüenza por las acciones rastreras y admiración por las nobles. No toda la historia es digna, pero es lo que nos queda, y es lo que somos.
Y aunque quizá dentro de unos siglos el concepto de patriotismo no sea más que una barrera que servía unicamente para dividir a los pueblos y enfrentarlos inutilmente, y aun creyendo que realmente es así, para mí hoy en día sentir mis raices sigue siendo algo indispensable.
Recuerdo hace años, cuando iba de viaje con toda mi familia, que encontrarte un coche con matrícula de Málaga por el norte de España era toda una sorpresa. Y recuerdo como nos poníamos a pitar ambos coches, gritando “¡Malagueño!”.
O encontrarte con un par de españoles perdidos en cualquier parte del mundo. Reconforta. Porque por un momento te olvidas de dónde estás y recuerdas la seguridad de tu patria, que allá en la distancia, te aguarda con paciencia a que regreses.
Y en este vínculo que produce reside la grandeza de la patria.